Lerner lo expresó con una sinceridad que desarma: “Conmovido, emocionado, no tengo palabras, no logro dimensionar lo que vivimos anoche.” Y quienes estuvimos presentes entendimos exactamente a qué se refería. Desde el primer acorde, la música atravesó el salón como un abrazo compartido.
La Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, bajo la dirección de Damián Mahler, ofreció interpretaciones majestuosas de los grandes éxitos del artista. “Volver a empezar”, “Todo a pulmón”, “Después de ti”, “Sueña” —entre tantos otros himnos generacionales— sonaron con una fuerza renovada en formato sinfónico, despertando ovaciones espontáneas.
La velada también contó con tres cantantes invitados, cuyas interpretaciones se llevaron algunos de los aplausos más largos y sentidos de la noche. Cada uno aportó su impronta y reforzó la magnitud colectiva del espectáculo, donde la obra de Lerner adquirió nuevas capas de emoción.
Pero hubo un momento que atravesó a todos: las palabras del propio Lerner durante el homenaje. Con la voz quebrada por la gratitud, recordó los valores que le inculcaron desde chico y que guiaron toda su vida artística. “La cultura es todo”, dijo, haciendo hincapié en la importancia de transmitir aquello que nos construye como personas y como país. Y agregó, con una emoción imposible de disimular, que ama profundamente a la Argentina, a su gente y a la identidad que lo acompañó en cada canción.
En tiempos donde la cultura necesita ser defendida y celebrada, esta noche en Palacio Libertad fue mucho más que un reconocimiento. Fue una reafirmación de que la música es un puente que nos une y nos refleja. Lerner, con su humildad y su grandeza, nos recordó que la cultura no es un accesorio: es el corazón vivo de nuestra nación.
Y en una noche dedicada a la música, la Argentina —esa que él tanto ama— le devolvió el abrazo.
LR