A dos años de gestión libertaria, analizamos los logros económicos, el desmantelamiento de estructuras de poder enquistadas —cajas partidarias, sindicatos corporativos, empresarios prebendarios y ñoquis estatales— y el nuevo alineamiento estratégico con Estados Unidos, Israel y América Latina.
También el delicado pero pragmático posicionamiento frente a China, la meta de convertir a la Argentina en potencia exportadora de energía, agronegocios e industria del conocimiento, y la consolidación del liberalismo en la región y Europa.
En un mano a mano profundo y sin eufemismos, Nicolás Márquez trazó un balance político y cultural del rumbo iniciado en diciembre de 2023. Sostuvo que la drástica baja de la inflación —tras décadas de inestabilidad crónica— no es solo un logro técnico sino un cambio de época: “ordenar la macroeconomía es devolverle dignidad al ciudadano”.
El análisis incluyó el cierre de estructuras que durante años drenaron recursos públicos bajo la lógica del privilegio. Según Márquez, el fin de “los curros” no es una consigna sino un proceso institucional que busca terminar con la captura del Estado por parte de la casta política, sectores sindicales y grupos empresarios dependientes del subsidio permanente.
La conversación avanzó hacia la dimensión geopolítica. El alineamiento con Estados Unidos e Israel fue presentado como un giro estratégico hacia democracias liberales consolidadas, mientras que el vínculo con China exige —según el invitado— inteligencia comercial sin resignar soberanía ni valores. América Latina, por su parte, aparece como terreno fértil para una nueva generación de dirigentes que cuestionan el estatismo estructural.
En clave productiva, el horizonte es claro: Argentina exportadora de energía, con Vaca Muerta como motor; potencia en agronegocios con valor agregado; y protagonista en la industria del conocimiento, donde talento y desregulación pueden convertir al país en hub regional.
Márquez, autor de títulos como La máquina de matar, El libro negro de la nueva izquierda (junto a Agustín Laje) y Milei: la revolución que no vieron venir, repasó también su trabajo intelectual y sus giras por Latinoamérica junto a Laje, donde la batalla cultural ocupa el centro de la escena. Para él, el debate no es solo económico: es moral, filosófico y civilizatorio.
De cara a los próximos dos años, el desafío será consolidar las reformas, sostener el equilibrio fiscal, profundizar la desregulación y convertir el cambio cultural en mayoría política duradera. La meta: que el liberalismo deje de ser una excepción disruptiva y se transforme en una identidad estable en Argentina y en Occidente.
Desde la mirada de www.quieroamipais.org , Este proceso no es solo un ciclo gubernamental. Es una oportunidad histórica. Hace 15 años fundamos este espacio para defender ideas, valores y futuro. Hoy vemos que muchas de esas banderas están en el centro del debate público.
Como dice Ignacio Pérez Platas, fundador de QUIERO A MI PAÍS: “Cuando una sociedad decide dejar de resignarse, empieza a crecer. Argentina no está condenada al fracaso; está convocada a liderar. El desafío es sostener el coraje.”
El país que viene no se espera. Se construye.
Y la historia —una vez más— nos da la oportunidad de hacerlo.