
15-09-2025
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Economia Una corrección necesaria
El oficialismo comprendió que no hay futuro para un programa económico sin un mínimo consenso social. Por eso el presupuesto contempla:
Actualizaciones en las jubilaciones con un esquema más flexible.
Refuerzo de partidas en el sistema de salud, tras meses de tensión con las provincias.
Obras públicas focalizadas en infraestructura crítica, en lugar de una paralización total.
Son señales que buscan tender puentes y demostrar que el gobierno puede ser firme en lo fiscal, pero sensible a las demandas sociales.
Un giro político con impacto en octubre
De cara a las elecciones nacionales, este viraje puede darle a Milei una narrativa distinta: la del liderazgo que escucha, ajusta y corrige. Si logra sostener la baja de la inflación y, al mismo tiempo, mostrar resultados concretos en bienestar social, podría reforzar su capital político en sectores que hasta ahora lo miraban con desconfianza.
El riesgo político y social
Si el Congreso aprueba este presupuesto de hierro, el oficialismo podrá mostrar disciplina y previsibilidad ante los mercados internacionales. Pero la oposición ya acusa al gobierno de dogmatismo y de gobernar de espaldas a la realidad social. El fantasma de la gobernabilidad se cuela: ¿puede Milei sostener su programa sin un acuerdo político más amplio?
La apuesta también encierra un costo: trasladar la presión del ajuste a las provincias, a los trabajadores estatales y a los sectores vulnerables, justo cuando el descontento social todavía es latente. Una derrota legislativa, en cambio, abriría la puerta a la inestabilidad financiera, a la suba del dólar y a un nuevo salto inflacionario que podría superar la barrera psicológica de los $1.400 en el corto plazo.
Lo que está en juego
El Presupuesto 2026 es, en definitiva, la gran jugada de Milei: si la disciplina fiscal logra estabilizar la economía y atraer inversiones, el oficialismo consolidará su poder y podrá llegar a octubre con un argumento sólido. Pero si la política o la calle le ponen un freno, el ciclo de desencantos que prometió terminar podría repetirse una vez más, con consecuencias graves para la gobernabilidad.
El lunes siguiente a la votación del presupuesto, la Argentina no despertará más rica ni más pobre. Despertará, sí, enfrentada a la misma pregunta que hace décadas: ¿es posible ordenar las cuentas sin romper el contrato social?
Gobernabilidad y confianza
El mensaje de “lo peor ya pasó” se complementa ahora con un llamado a la esperanza. Si bien los mercados seguirán atentos a los números duros —dólar proyectado en $1.229 a fin de año, exportaciones por USD 100.604 millones— la clave estará en la percepción ciudadana. Si las familias empiezan a sentir mejoras en su vida diaria, el discurso de la austeridad puede transformarse en una historia de recuperación.
El Presupuesto 2026 no es solo una planilla contable: es también un gesto político. Milei entendió que gobernar requiere equilibrio, pero también empatía. Y esa puede ser la verdadera noticia del día después.