
18-10-2025
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Economia
El kiosco bajo presión
Su diagnóstico es elocuente: caída de ventas, aumento de costos, informalidad creciente, competencia de grande Acuña no se anda con eufemismos: sostuvo que “si no hacen algo, el kiosco va a desaparecer”.
Las cadenas y la pérdida de relevancia de tradicionales combinaciones de productos como chicles + cigarrillos. A esto se suma lo que profundiza la nota: kioscos que sobrevivieron décadas gracias a un mix simple hoy ven esa mezcla desvanecerse y apuestan por nuevos productos para recomponerse.
El comercio mayorista lo nota, el minorista lo palpa y el barrio lo vive. Pero lo que parece local es en realidad un problema estructural: uno de los componentes del sector formal que da empleo, que genera movimiento económico y que ofrece accesibilidad de bienes en cada rincón del país, está en riesgo de erosión.
¿Por qué importa?
La desaparición de los kioscos no es sólo una cuestión de pérdida de familias que pierden el sustento; es una señal de alerta sobre el deterioro de la economía de proximidad, del empleo informal que ocupa, del canal de distribución que sostienen, y de la diversidad de oferta que sacrificamos cuando monopolios y grandes cadenas copan espacios pequeños. En la nota se alerta: “quioscos en peligro” y la clave está en que no se trata sólo de cigarrillos o chicles, sino de un combo simbólico que ahora se resquebraja.
¿Qué se puede hacer?
Desde Quiero a mi País creemos que este momento exige respuestas conjuntas —no discursos—. Algunas ideas urgentes:
Subsidios focalizados de costos fijos para kioscos en barrios vulnerables: luz, gas, alquiler.
Modernización digital: acceso a plataformas de pedidos y entrega rápida, que les permita competir con plataformas y autoservicios.
Líneas de crédito blandas para renovar stock y girar hacia nuevos productos de demanda emergente.
Programas de formalización acompañada, para que los que hoy operan en la informalidad entren al mercado formal sin quedar hundidos en deudas tributarias.
Incentivo a productos de valor agregado local: cada kiosco puede ser también canal de distribución para PYMES nacionales, generando sinergias.
Un espejo para la política
La entrevista de Acuña y el análisis del combo en caída funcionan como espejo: nos muestran que el cambio de modelo económico no puede ignorar al último eslabón. Si perdemos los kioscos, perdemos empleo, arraigo y tejido. Y si permitimos que desaparezcan sin políticas que los revaloricen, caeremos en un modelo de concentración comercial que empobrece diversidad y autonomía local.
El kiosco es más que un local de barrio: es un símbolo de cercanía, autoempleo y economía popular. Se avecina un momento de riesgo para ese pilar, y las señales están ahí. Hoy, Acuña advierte. Hoy, los datos muestran caída. Mañana, si no actuamos, podríamos lamentar su desaparición.
En este portal seguimos convencidos de que la transformación económica debe incluir al comerciante de barrio, al kiosco que abre antes del amanecer y cierra cuando ya todos duermen. Porque una nación más justa no se construye sólo desde arriba: también desde el mostrador de cada esquina.