Exclusivo QMP | Opinión: Un abrazo que puede abrir un nuevo capítulo
31-10-2025 | Politica
 Por Redacción www.quieroamipais.org, La imagen del presidente Javier Milei abrazando a varios gobernadores en la Casa Rosada recorrió ayer todos los medios y redes sociales. En tiempos de tanta división, ese gesto generó sorpresa, expectativa y también suspicacia. Algunos lo leyeron como un signo de madurez política; otros, como un cálculo de conveniencia. Pero, más allá de las interpretaciones, el hecho tiene un valor simbólico que no debería pasarse por alto: la Argentina necesita puentes, no muros.  

Durante meses, la relación entre el Gobierno nacional y las provincias estuvo marcada por tensiones, declaraciones cruzadas y un clima de desconfianza. El abrazo de Milei con los gobernadores no es solo una anécdota: puede representar un punto de inflexión. Es el reconocimiento de que el país se gobierna mejor cuando Nación y provincias se escuchan mutuamente.

Los abrazos no reemplazan los acuerdos, pero pueden iniciarlos. El federalismo no es una palabra vacía ni un trámite institucional: es la columna vertebral de un país extenso, diverso y desigual. Los gobernadores son actores centrales en la gestión cotidiana de la Argentina real, esa que no aparece siempre en los discursos ni en los balances macroeconómicos.

Por eso, si el gesto se transforma en diálogo, si la foto se convierte en agenda compartida, estaremos ante un avance. Un gobierno que escucha a las provincias y unas provincias que colaboran con la Nación son la base de cualquier reconstrucción sostenible.

Claro que los gestos por sí solos no bastan. El país necesita acuerdos concretos: reglas fiscales claras, políticas federales de desarrollo, cooperación en seguridad, educación y salud. El abrazo del Presidente y los mandatarios provinciales puede ser el inicio de ese camino. Pero solo si la voluntad política se mantiene firme cuando lleguen las diferencias —que llegarán— y cuando los intereses locales y nacionales entren en tensión —como siempre sucede—.

La Argentina no se cambia con fotos, pero tampoco sin ellas. Las imágenes pueden abrir puertas, generar climas, predisponer al encuentro. Si este abrazo ayuda a recuperar la cultura del diálogo, bienvenido sea.

Lo que está en juego no es la simpatía personal entre dirigentes, sino algo mucho más profundo: la capacidad del país de construir consensos mínimos para avanzar.

El futuro no se impone: se acuerda.