
30-01-2026
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Economia Lo que comenzó como una disputa de mercado y estrategias agresivas de marketing entre Mercado Libre, el "unicornio" argentino, y Temu, el gigante chino de precios bajos, ha derivado en un laberinto judicial que ahora deberá resolver la Corte Suprema de Justicia. Este conflicto no es solo una pelea entre empresas; es un síntoma de cómo las reglas del juego comercial tradicional crujen ante la velocidad de las plataformas digitales globales.
La génesis del conflicto se remonta a mediados de 2025, cuando Mercado Libre denunció a su competidor asiático ante el Ministerio de Economía. La acusación es grave: competencia desleal y publicidad engañosa. Según la empresa de Marcos Galperín, Temu no solo compite con precios bajos —algo legítimo en el libre mercado—, sino que lo hace mediante prácticas predatorias, vendiendo por debajo del costo y atrayendo usuarios con promesas de "regalos" y descuentos del 100% que, en la práctica, estarían condicionados por letras chicas imposibles de cumplir.
El gobierno tomó cartas en el asunto y sancionó administrativamente a Temu, prohibiéndole continuar con sus campañas publicitarias. Sin embargo, la respuesta de la plataforma china no se hizo esperar: recurrió a la justicia argumentando arbitrariedad y falta de derecho a defensa, denunciando que estas medidas no buscan proteger al consumidor, sino levantar barreras de entrada para proteger la posición dominante del actor local.
Aquí es donde la historia toma un giro kafkiano típicamente argentino. Temu buscó amparo judicial, pero se encontró con una "papa caliente" que nadie quiere sostener. El fuero Civil y Comercial Federal se declaró incompetente, pasando la pelota al fuero Contencioso Administrativo Federal, que a su vez rechazó la competencia y la devolvió. Resultado: un "conflicto negativo de competencia". Ningún juez quiere tomar la causa, y el expediente ha quedado en un limbo que obliga a la intervención del Máximo Tribunal para decidir quién debe impartir justicia.
Esta parálisis judicial es preocupante por dos motivos. Primero, porque deja en suspenso una resolución de fondo sobre las reglas de lealtad comercial en la era digital. ¿Dónde termina el marketing agresivo y dónde empieza el engaño al consumidor? Segundo, porque mientras los tribunales discuten competencias, el mercado sigue operando. La llegada de plataformas como Temu, con su logística integrada y precios de derribo, desafía el status quo y obliga a los actores locales a ser más eficientes, pero esa competencia debe darse en un terreno nivelado.
Mercado Libre se defiende argumentando que no teme a la importación ni a la competencia —de hecho, ellos mismos facilitan compras internacionales—, sino al incumplimiento de las normas que rigen para todos. Por su parte, Temu se presenta como la alternativa económica para el bolsillo golpeado de los argentinos, víctima de un bloqueo corporativo.
La decisión que tome la Corte Suprema para destrabar este conflicto será apenas el primer paso. Lo que está en juego en el fondo no es solo qué juzgado tramita un expediente, sino qué modelo de competencia digital queremos: uno de "vale todo" en pos de precios bajos, o uno regulado donde la transparencia sea la moneda de cambio obligatoria. En un país sediento de inversiones y competencia, pero también necesitado de seguridad jurídica, el desenlace de esta guerra de gigantes sentará un precedente ineludible.